miércoles, 29 de julio de 2009

Resaca Creativa

La fiesta de cumpleaños terminó como empezó, con la vecina chismosa, la que llegó primero, yendose con la última pregunta en la boca. Esa pregunta que ya nadie quería escuchar, especialmente yo que la había tenido que aguantar toda la noche a mi lado, intentando escarbar en mi vida, como un sacacorchos que clava, gira y perfora la última defensa, y después bebe del licor de tus secretos íntimos. Y no importa si no son tan secretos ni íntimos, al fin y al cabo goza de una indiscutible creatividad para la mentira, forjada en años de estudiar las vergüenzas humanas. Tiene esa facilidad de transformar, en un continuo proceso de inventar realidades, una ligera molestia estomacal de mi mujer en un embarazo no deseado, la acidez que tengo ahora en un diagnóstico de cáncer terminal, o el cruce de miradas con mi vecina favorita en un romance apasionado. Y como carece de la sutileza que da la diplomacia, al final de la noche ya me había bombardeado con sus observaciones, lo que primero fue una molestia en mi estado de ánimo. Más tarde, el infaltable dolor de cabeza. Al final de la noche, la necesidad de hacerle daño, algo así como una caricia con un bate de beisbol en la nuca, o jugar con su nuca haciendola girar una media vuelta alrededor de su cuello. Y si ... no, no debo pensar en eso. Al fin y al cabo, es una vecina, conozco sus hijos, y me conozco, después vendrán los remordimientos.